1 de agosto de 2013

Solo unas palabras

Bike rides and freedom por Sarah Horrigan
-Cuando era pequeña tuve un amigo. -Sonrió amargamente- No le recuerdo bien la verdad, yo tenía tan solo ocho años y no le vi más de diez veces. Solo recuerdo su bici de color amarillo fosforito, recuerdo que en cuanto llegaba con ella al parque yo corría hacia él para pedirle que me dejara montar y mi amigo nunca puso objeción, me dejaba su bici y se quedaba quieto como una estatua mientras yo daba vueltas por el parque. Creo que era mayor que yo, quizás uno o dos años más pero no lo aparentaba, no tenía esa típica actitud de superioridad que suelen tener los niños cuando son algunos años mayores...

-¿Por qué dejasteis de veros?

-No lo sé -Dijo sin mirar a nada concreto- Una vez fuimos los dos a dar vueltas con nuestras respectivas bicis por el parque, solos, como si fuéramos nuestros únicos amigos. No recuerdo lo que sentí entonces, pero debió de ser muy agradable, quizás estuviera experimentando por primera vez el amor, quizás el amor no exista, pero yo no le conocía de nada y sin embargo para mí era alguien importante. Yo lógicamente, con mis ocho años de papillas, no era consciente de ello pero unos niños que estaban jugando nos vieron y nos gritaron: "¿Sois novios?". Seguramente no eran palabras mal intencionadas pero a mi amigo pareció sentarle muy mal, tanto que creo que no volvió a verme. O quizás las siguientes veces que nos vimos no merecen espacio en mi recuerdo.

Aun cuando dejó de hablar seguía sonando su voz por toda la habitación, era como si mi mente reprodujese sus palabras para romperlas en millones de imágenes conexas y relacionarlas con viejas emociones y sentimientos.

-Le tengo cariño aunque realmente no le conozco. -Hablaba sin máscaras- Será el misterio de no conocerle lo que me hace tenerle cariño, el poder rellenar los huecos del recuerdo con mis propias necesidades, el hecho de que realmente no sea nadie es lo que realmente le hace alguien especial, pues es tal y como yo quiero que sea. Supongo que es mejor que no le conozca, que no sepa donde vive ni siga viéndole por el parque, porque la posibilidad de que sea como yo me imagino es tan remota que prefiero que no sea nadie antes de que sea una persona a la que realmente no estime y se rompa todo el misticismo que ronda a su ser. Es un recuerdo agradable. Seguramente él también tenga un recuerdo agradable de mí. -Se iluminó como si se le acabara de revelar una gran verdad dulce y maravillosa.- He tenido más amigos, pero éste es el primero que recuerdo y eso le hace especial. El siguiente que recuerdo lo conocí mucho tiempo después. Entremedias tuve algo parecido a amigos, pero no son dignos de ser recordados: solo son personas. Al segundo amigo lo descubrí cuando estaba en el instituto. Era peculiar, un chico perdido. Yo creo que se adelantó a existir unos siglos, o que nació en un sitio erróneo, ese chico debió de haber nacido en algún pueblo hindú futurista. Estaba tan absolutamente aislado del mundo que no parecía humano. Se sentaba a mi lado y aunque el a mí no me hablaba mucho, yo le trataba como si fuera mi amigo de toda la vida, le depositaba mucha confianza y él sonreía con una sinceridad que me abrumaba, enserio, cuando me sonreía me sentía agraciada, nunca le había
visto sonreír a otra persona. Solo estuvo un año en mi instituto, seguro que era un tipo inteligente, o simplemente nunca se dio ninguna oportunidad a demostrar lo contrario, pero me da la impresión de que no aprobaba mucho. Le cambiaron de sitio casi al final del curso y como él no me hablaba, iba yo en algún descanso a su mesa y le decía: ¡Estudia!, entonces él me sonreía -Río sonoramente durante un buen rato- Quizás fuera retrasado, tenía una expresión inteligente pero es cierto que su falta de comunicación era preocupante. Es posible que simplemente no le comprendiera. Creo que lo que le hacía interesante era que sentía poder confiar en él, y si sentía eso seguramente fuera porque no hablaba con nadie más, así que, ¿Cómo me iba a traicionar? -Sonrió-. Quizás un amigo perfecto sea un amigo que no sepa comunicarse con nadie ajeno a la relación.

-Parece un tipo bastante aburrido. La relación que me describes es completamente unilateral, no tiene sentido alguno. A él no le interesabas lo más mínimo, solo te devolvía en dulzura la confianza que tu le dabas.

-No. No soy capaz de expresar con palabras todo lo que siento o he sentido porque no soy capaz de comprender lo que siento o he sentido a la perfección. Somos maquinas muy complejas, es obvio que he podido percibir algo que no era real, pero ese chico emanaba un encanto especial, a veces le envidiaba porque me gustaría aislarme como él y obviar que existo, y otras veces me sentía tan superior a él que perdía todo su encanto, pero a su vez, él era impasible a mis cambios de humor, y en todo momento era igual, o lo aparentaba. Recuerdo una vez que habló con otro chico, estábamos esperando a que abrieran el aula, él tenía tres cicatrices paralelas en la cara y un compañero le pregunto de mala manera que qué es lo que le había pasado. Mi amigo le miró fijamente sin parpadear y sin esperar un momento para pensar le dijo con una voz serena y poderosa: "Tu madre estuvo muy nerviosa ayer", entonces calló y sonrió maliciosamente mientras continuaba mirando desafiante al chico que, al desglosar la frase con tiempo y meditación, agarro del cuello a mi amigo y le empotro contra la pared verborreando gemidos intimidantes con espuma psicológica saliendo de su boca. Mi amigo no cambió el gesto y en cuanto le soltó, se estiró la camiseta y continuó esperando con el mismo gesto de siempre. No le he vuelto a ver, seguramente este muerto, ya sea por sí mismo o por fuerza ajena, pero no parecía estar hecho para sobrevivir en esta época y este lugar. Unos años después, tras grandes remodelaciones en mi arquitectura intelectual y complejos cambios en mi personalidad me asenté en la duda sobre un grupo de amistades bastante respetables con los que compartía respeto y confianza a partes iguales. No compartía con éstas gran parte de mis ideas pero aun así, me hacía feliz su compañía. Una tarde de primavera que andaba sola con mirada nostálgica por tiempos de guardería me topé con mi tercer amigo -Su gesto mutó para expresar una pasión inédita, expresaba físicamente el amor que relataba-.
Colgante II, por Gon Asla
Era una persona sobria y tímida, con gesto alegre y amable pero con una tristeza que impregnaba su rostro de una forma notable. Esa tarde me sentí bien, sentí cercanas a personas a las que no conocía, fue como encontrarme un billete en el bolsillo de un pantalón, pero en vez de ser dinero mi hallazgo fuesen unas relaciones humanas cálidas y duraderas. Fue una situación tan inesperada que necesité una semana para digerirla, y me siento extrañamente embustera al afirmar que ya la he asimilado. Recuerdo a mi tercer amigo como a un tipo sencillo, amable e interesado por algunas de mis aficiones, compartimos charlas de las cuales no recuerdo ninguna pero todas consiguieron transportarme desde dichas tiernas y pasiones hasta pesares profundos, oscuros y lacrimosos. Llegué a usar esas conversaciones como motivo para continuar el día, me decía: "Ya queda menos para verle". -Suspiró profundamente mientras controlaba el frenesí que en un momento le había descontrolado la respiración y su apacible serenidad.-
No he vuelto a sentir eso por nadie, sé que él sí, y eso me entristece, no por envidia por su amante, no volvería a sentir lo mismo contra él, ya le conozco demasiado bien como para hablar. Envidio en cierta medida su felicidad. -Calló durante un momento- Él fue mi primer amor, le recuerdo demente confesándome sus sentimientos, pasional, como una tormenta vista desde la calidez del hogar exploto en hermosos rayos azulados que consiguieron alzarme hasta lo más alto que alguien puede subir, me encontré en el paraíso durante unos segundos mientras me recitaba poemas con lágrimas en los ojos y me acariciaba con palabras, nunca antes alguien tan distante físicamente me había dado tanto placer. Pero nuestra relación duro lo que dura una flor, marchitó con sus versos y me arrojó desde mi paraíso hacia el frío absoluto de la soledad. -Se acercó y me miró fijamente- Nunca odiaré tanto a alguien como le odié a él-. Se dejó resbalar en la silla hasta que su nuca se apoyó sobre el borde superior del respaldo- El odió es tan bello... Ni cuando le amé le tuve tan presente, fue el motivo de mis llantos, de mis sueños, de mis dibujos y poesías, fue más de lo que nunca será gracias a como yo le hice. Él ha cambiado mucho desde entonces, hace ya mucho tiempo y ahora conservamos nuestras palabras siempre respetando la gran barrera de la pasión, nunca volverá a ser como fue, pero fue, y eso le hace especial, muy especial.

Estuvo un tiempo en silencio mirando mi boca abierta esperando a que dijera algo pero no tenía nada que decir, intentaba buscar algún comentario pero llegué a la conclusión de que no necesitaba hacer ninguno. Ella hablaba por los dos.

-Mi último amigo coincide en el nombre con el primero.

-¿Cuál es el nombre?

-Es indiferente cuál, lo importante es que coincidió, y eso le hizo mucho más especial de lo que ya era por sí solo. Era un chico muy guapo, recuerdo su sonrisa y su pelo rubio, recuerdo aún más que su cuerpo no era estéticamente perfecto, recuerdo que en esa época me echaba una colonia y cada vez que la huelo ahora recuerdo toda esa temporada y me quedo tonta y paralizada durante un tiempo. Hay un par de canciones que también me transportan a ese recuerdo, sobre todo una, no por su contenido sino porque la escuchaba entonces. Recuerdo que era un tipo inteligente con aficiones muy interesantes... ¿Te aburro?

-¿Acaso te aburres tú a ti misma? -Pregunté mientras disentía sonriendo.

-No -Dijo tímidamente-. Pero la vida es subjetiva, jamás la comprenderás como yo. El contarte las historias de mis amigos a mí me hace recordarles y revivir felicidades ocultas en mi memoria. Pero ¿Para ti qué son? Son simples historias, no son más que personajes, no te emocionaras jamás al ver el parque donde jugaba con mi primer amigo ni lloraras al recordar a mi tercer amigo. Para ti solo son palabras. No quiero que mis sentimientos sean solo palabras. -Dijo gimoteando- Yo quiero que mis amigos sean eternos, quiero que sepas lo que he sentido y que llores igual que yo lloraré cuando me sienta olvidada. -Miro al suelo con la boca cerrada a presión mientras respiraba de forma irregular por la nariz y lágrimas ligeras se precipitaban ansiosas por sus mejillas.- Le quería tanto... y ahora solo es palabras. -Se replicó en voz baja- Es injusto que para mí, su nombre sea tan importante que cada vez que lo oiga sonríe por un momento y luego recaiga en mis recuerdos y me encarcele en el dolor de su pérdida. ¡Esta mi corazón tan lleno de rosas marchitas que ya no queda espacio! -Lloró en silencio mientras me miraba. Veía sus labios vibrar mientras sus lágrimas resbalaban por su naricita y caían sobre ellos. Sus ojos más brillantes que nunca me arrancaron de mi felicidad y sentí como su imagen se hacía cada vez más difusa. -¿Qué harás ahora?, dime, ¿Qué vas a hacer "papa"? -dijo arrastrando las pes- No tienes nada.

Me levante y pateé histérico su silla gritando: "Tú la mataste, tú la mataste". La puerta se abrió, entro una enfermera que me ayudó a levantarme del suelo y secó mis lágrimas.

-Solo es una silla señor, cálmese, esto no le ayudará. Aún es joven.

-¡NO ES SOLO UNA SILLA! -Grité- Es una silla vacía -Me tiré al suelo y gimoteé durante un tiempo mientras la enfermera me acariciaba la espalda.- Una silla vacía, solo son palabras. -Me levante y la miré a los ojos, era una chica joven, en su rostro se veía su tristeza, se veía una expresión de sufrimiento mientras por su boca salían palabras de aliento, en sus ojos se reflejaban los míos y rompí a llorar. Me abrazo intentando que apoyara mi cabeza en su hombro pero yo la empuje contra la cama.- ¡¿Quién quiere palabras?!

Me di la vuelta y golpeé el cristal de la ventana impetuoso hasta que mis puños no me permitieron seguir y entonces me arrodillé apoyando mi frente contra la pared y las manos contra el suelo. Lloré mientras la enfermera salía de la habitación gritando. Miré hacia la silla y mi hija seguía sentada, sonriendo.

-¿Quieres mi silla?, ¿Quieres que me levante? Pobre infeliz, tanto tiempo sobreviviendo y ahora no sabes morir.

Me levante y pateé el cristal de la ventana hasta que la enfermera volvió con dos celadores que me sujetaron. Yo grité hacia la ventana hasta que mis gritos mutaron en gemidos y llantos y la ventana no se rompió. Pero solo son palabras, pronto morirán.