18 de octubre de 2012

Diluvio pasional

Wating por Hermosa Lee Kwan
Tras inconmensurables horas de angustia, intentando romper con el alma mi lánguida corteza cárnica, logré cansar mi saciedad y me topé de lleno con el vacío. Sentado sin tener consciencia de mi postura, sin mirar a un punto fijo y sin pensar más que en palabras, que tras tanto repetir, dejaron de ser algo más que palabras, abandoné melancólico a la esperanza. El tiempo me abandona y mis pasos están cada vez más vacíos de dirección. Me siento en mi banco y con los codos apoyados sobre las rodillas y la frente sostenida por las manos lloro sin consuelo por la vida que añoro. A mi vera, una farola indecisa intenta alumbrar lo que la penumbra esconde, solo de entre las sombras persiste a la intermitencia el vestigio de lo que quise ser, reflejado en un lúgubre charquito verde esmeralda. Me fallan los brazos y caigo y me adentro en el verde, y todo es verde. Me hundo y no respiro, caigo y todo es verde. Lloro y mis lagrimas ascienden, grito y mis gritos ascienden, agónico agito las piernas y éstas se desprenden y también ascienden. Explotan mis manos, explotan mis antebrazos, mis bíceps, mis hombros, mi torso, y el verde torna a rojo y el rojo a negro. No veo, y no puedo gritar, y mis lagrimas no salen y de entre mis pasiones, ni una sola trasciende.