20 de octubre de 2014

My Mask is Kindness, Beauty




My Mask is Kindness, Beauty.
He has, is, gives me all of the "Hey you, Do!, Go!, Grab it! NOW"
He believes in Me.
He represents Me.
He wraps weak lil' Me
and protects all of my softness.
But we, I, want us, him, Gone.
Pain is calling, coming, and I WILL
wait naked, I Will
scream in utter agony with all of
my tears running down my cheeks.
I will and do suffer but in his absence
I will be FREE,

Gon

28 de agosto de 2014

I am a child.

I am a child in very many funny ways:
I like to play, I like to dance,
I like to hold my breath and feel my heart.
I like to dig a pit into a plot and peep in its insides,
slide right in,
my head within
my legs, and just pretend
i am a wee snake
just crawling out,
devouring little men.

My therapists often say to me:
"You are beautiful and very kind"
So while I grin in disbelieve they tend to ad:
"...clever, humble... dysfunctional, but sometimes a great fun!"
They also say, with no restrains.
"You are chronically depressed"
Last one I've had is mildly insane,
and somehow rather wise (or at least knowledgeable).
After very many little chats, she tends to stare at me
and from her chair, with mild content, she thinks she's found a clue.
She voices loudly how she thinks, I need to widen out:
"From all this people you have met, you seem to be aloof.
Just go around and meet some more, find someone 'right for you'"

So I am on a Quest, to find the rest of my belittled kind

or just a friend, who doesn't care, and wants to have some fun.

9 de noviembre de 2013

TONO

Asentado en un hoyo de arena rojiza, apoyado sobre cajas de munición, sólo.

- Revisión de daños: -grabo para mí- función respiratoria en detrimento, capacidad pulmonar reducida en un cuarenta y dos por ciento; pérdida de masa muscular en el aductor menor, vasto lateral, tensor de fascia lata y bíceps femoral por impacto de metralla; varias herida de bala atravesantes en el abdomen a la altura de la tercera intersección tendinosa, órganos afectados: bazo, estómago y colon transverso; perdida sanguínea de mil doscientos mililitros e incrementando rápidamente. Quemaduras de segundo grado en el antebrazo derecho y de tercer grado en la mano izquierda. Estado general fisiológico en código rojo. Duración de las funciones cerebrales optimas aproximada: veintitrés minutos. Soldado sin recursos médicos. Ateniéndome al código K-101 del protocolo del soldado de rango verde: Ante una muerte de las funciones intelectuales irremediable se permite la dosificación del antídoto al medicamento contra-hormonal. Mediante el poder que el tribunal médico del OCRAM me otorga declaro mi dosificación del Antídoto y por consiguiente, prospera muerte cerebral. Fin de la transmisión.

Desarmo el medicamento, es una pistola inyectora monodosis que contiene en su depósito un fluido translúcido con una ligera tonalidad marrón. Quedan diez minutos. Apunto con precisión al punto de inyección, entre la tercera y cuarta costilla, sobre el corazón. Disparo...

Empiezo a sentir el dolor, grito. Siete minutos.

El dolor se incrementa, siento el rozamiento del uniforme con las heridas de la pierna y grito aun con más fuerza. Siento cada uno de mis cortes, siento el frío excepto en la mano izquierda en donde el no sentir nada me hace gritar aún más. No puedo mover los dedos de los pies y me mantengo en pie con dificultad. Oigo voces, es el idioma enemigo, gritan mi posición.

La recuerdo, recuerdo sus lágrimas, su sonrisa, su perfume, su voz, sus besos acallan el dolor. Llegan la adrenalina y la testosterona. Busco en mi bolsa el transmisor, lloro recordando sus abrazos, sus caricias, sus brillantes ojos verdes, su pasión. Marco su número. Llegan y me apuntan.

TONO. Gritan que me arrodille. TONO. Se ríen de mis compañeros muertos. TONO. Disparan a mi hombro. Dos minutos.

- ¿Hola?
- Eli -Lloro mientras se acerca uno de ellos.
- ¡Sevas!...
- Calla Eli- El soldado grita que me calle y ordena a los demás que me apunten. - ¡TE AMO! -lloro aún más-. Recuérdame en tus brazos por favor, recuérdame en tus labios. No me olvides. Lo eres todo, perdóname. -El soldado me golpea en el abdomen atónito y gimo.
-¿Q...
-TE AMO -grito y lloro. Medio minuto- Adiós Eli. -El soldado alza la mano. Atronan disparos. Tres segundos.
-¿Sevas? -Se oyen risas y palabras extranjeras- ¿!SEVAS¡? ¡Yo te amé tanto..TONO. Se mira al espejo un segundo. TONO. Mira mi foto. TONO. Mira su vientre entre lágrimas. Un TONO la arrodilla y otro la tumba. TONO. Mira al techo y ahora las lágrimas caen de lado. TONO. TONO. TONO...

19 de octubre de 2013

Lúpito y Lua

N. Este cuento junto un pequeño colgante fueron un regalo de aniversario.

En un lugar situado entre las espesas nieblas del pasado y la inmediata huella de nuestros pasos existe un reino de seda, tejido delicadamente con las memorias de aquellos que habitan en el Hoy. Los recuerdos son muy frágiles y aunque las costuras que los unen están elaboradas con la más diestra técnica, un mero soplido en el reino de las memorias podría borrar decenas de recuerdos, perdiendo para siempre en la bruma la vida de un anciano, el amor de un joven soldado o las hazañas de un héroe legendario, por eso las fronteras del reino se alzan hasta donde la vista no alcanza, prohibiendo el paso a los vientos.

Cuenta la leyenda que el reino de las memorias estuvo gobernado por un afable rey al que todo el mundo adoraba, un hombre bajito y redondillo, con una larga barba marrón y una risa alegre. Su sonrisa inspiraba tranquilidad y sus sabias palabras no eran exclusivas para nobles afortunados sino que todo aquel que necesitase consejo, tenía pleno derecho a conversar con el Rey.

El señor de las memorias tenía un hijo muy enfermo, una pobre criatura tan frágil como un recuerdo, cuyo cuerpo carecía de alma y en donde ella debería yacer no había más que inocente bondad y melancolía, añoranza por aquella alma anhelada que nunca tuvo. El príncipe, Lúpito, no se movía por sí mismo, se asentaba en un pequeño trono a la derecha de su padre y observaba curioso desde sus ojitos tristes como el reino entero rezaba por él. Cada día su vacío era más grande, sus lágrimas heladas recorrían sus mejillas una y otra vez para despeñarse estrepitosamente contra la alfombra roja del trono, y a cada noche, el rey perdía un poquito de su sonrisa. No había sabio que pudiese curar su desdicha, y aunque no faltaba el día en el que su madre lo abrazase con toda su pasión, como traspasándole su alma; la nada en su interior crecía sin cesar hasta que el pobre príncipe Lúpito empezó a helarse en sus propias lágrimas. Los reyes, desesperados, decidieron dejar reposar su cuerpo helado en un altar en medio de una enorme catedral en el centro del pueblo para que todo el mundo pudiera ir a aportar su propio calor para así ralentizar el proceso, se dejó de coser, todos amaban al príncipe tanto que le dieron su tiempo y calor, se abrazaban a su cuerpo helado hasta que no cabía un solo brazo más, y entonces se abrazaban los unos a los otros para contribuir a la hoguera de calor humano. Pasaron días, semanas, meses y al cabo del tiempo el pueblo se sumió en la más severa tristeza, el príncipe dejo de respirar y los reyes en su desesperación, helaron allí mismo junto con el resto de su pueblo. Aquel reino que una vez fue el paraíso del melancólico se convirtió en un mar de lágrimas heladas.

Pocas veces se cruza la frontera del Hoy, quien nace en los recuerdos habita en ellos y quien lo hace en los sueños permanece allí de la misma manera, son dos reinos separados por una delgada brecha infinitamente profunda de apenas un pie de ancho. Todos aquellos que se aventuraban a cruzar el abismo del presente se perdían por siempre, algunos dicen que caen eternamente, otros que encontraban un paraíso donde todo lo aprendido desaparece y en su ausencia florece la más humilde felicidad.

Lúa era una joven desdichada, hija de esperanzas vivía humildemente en la ciudad de los sueños, una enorme urbe construida íntegramente de arena donde los anhelos se alzan en forma de maravillosas esculturas que relatan historias futuras: desde sueños de grandeza hasta humildes esperanzas. Lúa esculpía desde pequeña la figura de su amado en el centro de un inmenso mural circular, cada día que pasaba ella detallaba sus deseos agregando pequeñas piececitas relatando vivencias por ocurrir, besos de amor o heroicas aventuras. Un día el viento de lo inesperado llego desde la brecha del presente llevándose su obra lentamente, ella se apresuró a abrazar la esbelta figura de su amado pero cuando envolvió su busto entre sus brazos, éste comenzó a desvanecerse. Abrió los ojos temblando y vio cómo donde antes yacían sus esperanzas, ahora solo quedaban las ruinas de un efímero sueño, ideas inconexas, sin sentido, llenas de dolor y tragedia.

A la pobre Lúa no le quedaba nada que soñar, se derrumbó atormentada con mil recuerdos nublosos. Arrodillada en la arena intento dar forma a lo que albergaban sus memorias sin éxito, sus lágrimas se agruparon rápidamente en un charquito ante sus ojos, reflejando la triste expresión de su rostro, contemplo durante un segundo su mirada sin pensar en nada. El vacío que sentía le obligo a levantarse de un salto y correr, sin pensar en más que en encontrarse con su amado recorrió todo el camino hasta el abismo del presente y como si fuera un paso más, lo salto inconscientemente y continuo su marcha hacia el recuerdo.

Un frío inhumano se apodero de sus huesos, desaparecieron la arena, la gente, el ambiente de esperanza. No había nada más que una enorme muralla y una pequeña puerta helada. Se apresuró a abrir la puerta y al adentrarse en la fortaleza se encontró con un mundo vacío. Solo se diferenciaba en el horizonte una enorme catedral y a su alrededor la niebla ocultaba el infinito.

Camino firmemente hacia la entrada, dentro había una montaña de gente helada, miles de rostros tristes apilados unos encima de otros, sus brazos estaban firmemente adheridos entre sí, como una cadena de hielo. Lúa, atónita aparto delicadamente uno a uno, y en el núcleo de la montaña, un altar elevaba majestuosamente el cuerpo del joven Lúpito, su melena oscura caía lacia por un lado de la cama de roca y sus ojos grises encerraban la más profunda melancolía. Lúa callo en sus rodillas al ver su tristeza y sumida en la compasión abrazo al joven príncipe y lloró por él, y lloró por ella misma. Las lágrimas ardientes de la joven Lúa expresaban la más sincera conciencia de lo perdido, la sabiduría de que nada volverá derritieron lentamente el rostro de Lúpito.

Una hermosa joven de piel tersa y cabellos negros le miraba fijamente, sus hermosos ojos almendrados hablaban de esperanza, de recuerdos y su rostro dulce mostraba una alegría inesperada. El joven príncipe se alzó abrazado a Lúa levitando ligeramente sobre el altar. Sus lágrimas habían cesado en medio de la incertidumbre, desaparecieron su pasado y su futuro y entre el delgado abismo que contiene la pisada certera del presente, Lúa besó los labios salados del príncipe. Lúpito renunció al trono y junto con la joven Lúa fundó su propio reino en el Hoy. Ambos forjaron un amuleto materializando una promesa: vivir para llenar el vacío del otro y en su presente, no existe melancolía ni sueños rotos porque su felicidad se basa en la presencia del otro. Por siempre jamas.

28 de agosto de 2013

Die Leiden des jungen Albert

12 de enero

Querido Wilhelm.

Las cosas por aquí no van muy bien. Mi querida Charlotte es cada día más lejana y cada paso que doy hacia ella noto como si la distancia entre nosotros incrementara. Cada día que amanezco a su vera descubro su espalda en vez de su faz y cuando vislumbro su rostro, noto como emana la más feliz de las ternuras hasta que abre sus párpados y me descubre en su triste realidad. No quepo en sus sueños, allí solo está él, el joven Werther. Ese dichoso disfruta de su corazón, disfruta de cada uno de sus pensamientos y consigue despertar en mi querida Charlotte todas y cada una de sus sonrisas. Querido Wilhelm dime quién soy. ¿Soy el malo del cuento?, ¿Acaso soy yo el ser demoníaco que trata de separar a esos jóvenes tórtolos que se desviven el uno por el otro? ¡No! Yo soy el desdichado, yo soy el pobre hombre que muere cada día por ella, que renuncia a todo por poder besarla, que moriría por abrazarla una vez más. Yo soy el ser agónico que ve como las paredes retroceden cada día, veo en sus ojos el vació. Esta mañana vino la sirvienta de Werther a traer una nota para Lotte y cuando se la dio, Oh Wilhelm, deberías de haberla visto: Voló, salió por la ventana su alma y recorrió el firmamento, regreso dejando un rastro de flores y luz, de vida que sus ojos desprendían y llenó el vacío que la lúgubre estancia tenía hacía ya tiempo. Amigo mío, esto ya acabó, soy un cadáver encadenado a la muñeca de mi amada quién corre desesperada detrás de un sueño, soy un obstáculo, soy una desgracia. Yo... Amigo mío, esto ya acabó. Ella le ama, y yo me muero en cada uno de sus suspiros, él la hace feliz y yo... yo muero en cada uno de sus suspiros. Son uno y yo no tengo más que sentarme a observar como la luna va menguando. No hay nada que pueda hacer, todo es negro... Son tan felices... Muero, MUERO. Oh Wilhelm, ¿Quién soy?, Maldito Werther, maldita Lotte mía... Maldito soy yo.

Adiós amigo mío.

1 de agosto de 2013

Solo unas palabras

Bike rides and freedom por Sarah Horrigan
-Cuando era pequeña tuve un amigo. -Sonrió amargamente- No le recuerdo bien la verdad, yo tenía tan solo ocho años y no le vi más de diez veces. Solo recuerdo su bici de color amarillo fosforito, recuerdo que en cuanto llegaba con ella al parque yo corría hacia él para pedirle que me dejara montar y mi amigo nunca puso objeción, me dejaba su bici y se quedaba quieto como una estatua mientras yo daba vueltas por el parque. Creo que era mayor que yo, quizás uno o dos años más pero no lo aparentaba, no tenía esa típica actitud de superioridad que suelen tener los niños cuando son algunos años mayores...

-¿Por qué dejasteis de veros?

-No lo sé -Dijo sin mirar a nada concreto- Una vez fuimos los dos a dar vueltas con nuestras respectivas bicis por el parque, solos, como si fuéramos nuestros únicos amigos. No recuerdo lo que sentí entonces, pero debió de ser muy agradable, quizás estuviera experimentando por primera vez el amor, quizás el amor no exista, pero yo no le conocía de nada y sin embargo para mí era alguien importante. Yo lógicamente, con mis ocho años de papillas, no era consciente de ello pero unos niños que estaban jugando nos vieron y nos gritaron: "¿Sois novios?". Seguramente no eran palabras mal intencionadas pero a mi amigo pareció sentarle muy mal, tanto que creo que no volvió a verme. O quizás las siguientes veces que nos vimos no merecen espacio en mi recuerdo.

Aun cuando dejó de hablar seguía sonando su voz por toda la habitación, era como si mi mente reprodujese sus palabras para romperlas en millones de imágenes conexas y relacionarlas con viejas emociones y sentimientos.

19 de abril de 2013

En busca de un camino.

La puerta del cementerio, Caspar David Friedrich

No importa el rumbo.
No importa el destino.
No importan ni el futuro
ni las piedras del camino.


Sin temor al abismo
ni hay fronteras ni hay peligro.
Sin temor al olvido
las lágrimas se han perdido.

Yo quiero un sendero
donde sé que si caigo,
te tendré en tus brazos.
Si no me levanto,
te tendré en tus besos
y si en el ocaso
ves que muero,
te tendré en tu llanto.

Quiero saber que allá donde mire
veré en tus ojos el mismo calor que yo siento,
sentiré en tus labios el mismo amor que te tengo
y arderá en tu corazón
la misma pasión
por la que yo muero.

Sea como sea el camino
quiero verte ahí conmigo.